Edgar Iraheta

Una cosa hago, ¿cómo redefinir el éxito y entrar a 2026 con esperanza real?

29 de diciembre de 2025

Estamos en esa semana del año donde la mezcla de emociones es inevitable. Para algunos, el 2025 pasó volando. Para otros, ha sido el año más largo de sus vidas y ya no aguantan las ganas de que termine.

Todos estamos haciendo un balance. Estamos pensando en los logos y en los fracasos. Muchos miden su año por las metas alcanzadas, el dinero ganado, la casa comprada o esos papeles de inmigración que por fin llegaron.

Otros, lamentablemente, están midiendo el año por lo que no sucedió, la restauración que no llegó, el hábito que no se rompió o la soledad que se sintió más fuerte. Vivimos en una cultura que nos predica constantemente sin usar micrófono. Nos dice, si no produces, no vales.

Si descansas, te atrasas. Y así llegamos al final del año agotados, pensando que nuestra identidad depende de qué tan llena o vacía está nuestra cuenta de banco o nuestra lista de logros. Pero hoy quiero invitarte a cerrar el 2025 de una manera diferente, no con una lista de propósitos vacíos, sino con una recontabilidad del alma.

Pablo, la cárcel y los libros devocionales. Me encanta cómo a veces compramos esos libros devocionales con diseños hermosos, letras doradas y fotos de paisajes que nos dan paz. Leemos filipenses y suspiramos.

¡Ay, qué lindo mensaje! Pero se nos olvida un pequeño detalle. Pablo no escribió esto desde una oficina cómoda ni pensando en vender un best-seller.

Pablo escribió filipenses con cadenas en las manos, desde una cárcel. En Filipenses 3.8, él dice algo escandaloso. Y ciertamente aún estimo todas las cosas como pérdida por la excelencia del conocimiento de Cristo Jesús, mi Señor.

Y lo tengo por basura, para ganar a Cristo. Pablo usa una palabra fuerte, basura. Él está hablando a una iglesia en Filipos rodeada de gente prominente, rica y orgullosa de su estatus.

Y Pablo les dice, yo tenía todo eso. Yo tenía el estatus, la religión, la ciudadanía, el respeto. Pero comparado con tener a Cristo, todo eso es pérdida.

¿Qué define tu identidad? Para entrar al 2026 con verdadera esperanza, tienes que responderte una pregunta difícil. ¿Qué es lo que has usado este año para definir quién eres?

A veces nuestros credenciales modernos suenan así. Yo soy el que trabaja más horas que nadie. Yo soy el que aguanta todo y no llora.

Yo soy el que tiene papeles y es bendecido. O nos vamos al otro extremo, el de la víctima. Yo soy el que fracasó.

Yo soy el que viene de una familia rota. Yo soy el que fue herido por la iglesia. Quiero decirte algo con mucho amor.

Los dos extremos son basura. Ni tus éxitos te hacen más justo delante de Dios, ni tus fracasos te descalifican de su amor. Lo único que puede validar tu vida es ser hallado en él, Filipenses 3.9.

Cuando te presentas delante de Dios, Él no busca tu currículum, ni tu cuenta bancaria, ni tu lista de errores. Él busca si Cristo está en ti. Esa es tu verdadera ganancia.

Corriendo por gracia, no para ganar amor. Hay un peligro sutil al querer mejorar para el Año Nuevo. A veces pensamos, voy a portarme mejor para que Dios me ame más.

No, escucha muy bien. No corremos para que Dios nos ame. Corremos porque Cristo ya nos alcanzó.

En Filipenses 3.12, Pablo dice, Prosigo por ver si logro asir aquello para lo cual fui también asido por Cristo Jesús. El orden es vital. Él te agarró primero.

Él te amó primero. Tu esfuerzo en el 2026 no es para comprar su favor. Es una respuesta de gratitud porque su gracia ya te encontró.

Una cosa hago, olvidando lo que queda atrás. Quizás el 2025 te dejó heridas. Quizás, como compartí en el mensaje este domingo pasado, has sido lastimado por líderes, por iglesias o por personas en las que confiabas.

Yo sé lo que es eso. Sé lo que es ver la imperfección de la gente en la iglesia y querer salir corriendo. Pero Pablo nos da la clave en el versículo 13.

Una cosa hago, olvidando lo que queda atrás y extendiéndome a lo que está delante. Olvidar no significa borrar la memoria o negar que dolió. Significa no dejar que lo que sucedió en el pasado gobierne tu futuro.

Significa decidir que el dolor del 2025 no tiene autoridad sobre el plan de Dios para el 2026. Tu plan para cerrar el año. No necesitas más fuerza de voluntad.

Necesitas más de Jesús. Él es el que comenzó la buena obra en ti. Y Él será fiel para completarla.

Filipenses 1-6. Te propongo tres prácticas sencillas para estos últimos días del año. Uno.

Haz la contabilidad del alma. Diez minutos. Toma una hoja.

Haz dos columnas. En una pon tus ganancias humanas. Títulos, dinero, orgullo, autosuficiencia.

En la otra escribe Cristo. Ora y dile al Señor, Señor, reordena mi balanza. Que nada de esto pese más que tú en mi vida.

Dos. Olvidar sin negar. Escribe tres cosas que necesitas soltar del 2025.

Una culpa, una ofensa, una comparación. Rompe ese papel como un acto de fe y dí. Cristo, esto no gobernará mi 2026.

Me extiendo hacia lo que tienes para mí. Tres. Una confesión diaria.

Cada mañana, antes de ver el celular, declara esto en voz alta. Dios terminará lo que empezó en mí. Suelto lo de atrás.

Corro hacia Cristo. Jesús, hoy tú eres mi mayor ganancia. Amados, pueden cerrar este año con esperanza.

No porque ustedes sean fuertes, sino porque Dios es fiel. Vamos por un 2026 donde Cristo sea el centro de todo. Una cosa hago.

Corro hacia Él.