Edgar Iraheta
Cuando Dios interrumpe tu plan, el Sí que transforma tu casa, Dios no siempre entra a nuestra vida de forma conveniente.

Pero cuando respondemos como María, Hágase, Él convierte el caos en proceso, y el proceso en transformación real. Y si hoy Dios te incomoda, imagina que estás en tu casa, en tu rutina, y de repente Dios te anuncia, Voy a hacer algo sobrenatural contigo. Suena bonito, hasta que te das cuenta de lo que implica.
Porque lo sobrenatural muchas veces viene envuelto en inconveniencia, conversaciones difíciles, decisiones impopulares, cambios que no estaban en el calendario, ajustes que no van del 1 al 10 en orden. A veces se siente como 1, 5, 7, 2, 3, y uno dice, Señor, esto no tiene sentido. Esa es exactamente la escena de María.
Dios llega a una casa común. En Lucas 1, Dios no envía al ángel a una reina ni a una celebridad espiritual. Lo envía a Nazaret, a una joven desposada, a una vida normal.
El ángel entra y le anuncia que concebirá al hijo prometido. María se turba, hace la pregunta que cualquiera haría, ¿Cómo será esto?, y recibe esta respuesta, El Espíritu Santo hará lo que humanamente no se puede. Y entonces ocurre la frase que sostiene todo el relato, He aquí la sierva del Señor, hágase conmigo conforme a tu palabra.
Lucas 1, 38. María dijo sí, pero ese sí venía con preguntas inevitables. ¿Qué va a decir José?
¿Qué dirán mis padres? ¿Qué dirá el pueblo? ¿Cómo explico lo inexplicable?
Nazaret no era una ciudad para perderse en el anonimato, era un lugar donde todos saben todo. El sí de María no era poético, era costoso. Lo inconveniente no significa no es Dios, aquí hay una trampa común.
Pensamos que si algo viene de Dios, entonces vendrá ordenado, limpio, sin fricción. Pero en la Biblia, muchas asignaciones de Dios llegan con fricción. Abraham sale sin mapa.
Moisés vuelve a Egipto con temor. David es ungido, pero perseguido. María dice hágase, y su reputación queda en la cuerda floja.
La voluntad de Dios no siempre se siente como comodidad. Muchas veces se siente como rendición. No estás desobedeciendo por falta de información.
A veces estás desobedeciendo porque estás esperando que sea conveniente. El hágase verdadero no es, señor, haz tu voluntad, si todo queda claro. El hágase verdadero es, señor, haz tu voluntad, aunque todavía no entiendo el proceso.
Preguntas de autoexamen. ¿Qué parte de la voluntad de Dios has estado posponiendo porque te parece demasiado complicada? ¿Qué conversación estás evitando por miedo a lo que pensarán?
Tu fe depende de sentir paz todo el tiempo o de confiar en la palabra de Dios. José y la obediencia silenciosa. Ahora mira el otro lado.
¡José! Mateo 1.18.25. María ya dijo hágase, pero ahora hay una realidad que enfrentar.
Hay que caminar en proceso. José se entera del embarazo, y siendo justo, busca una salida razonable para no exponerla públicamente. En otras palabras, trata de resolver con lógica humana algo que vino por intervención divina.
Y ahí aparece Dios de nuevo. Un ángel le habla en sueños y le aclara. No temas recibir a María.
Lo concebido en ella es del Espíritu Santo. José despierta. Y obedece.
Algo que siempre impacta. En los evangelios no hay un versículo donde José hable. Cero.
José no predica. José no canta. José actúa.
María pregunta, responde, luego canta. José calla y obedece. Dos estilos diferentes.
Una misma fe. Y eso también es una palabra para la casa. No todos obedecen igual, pero todos están llamados a obedecer.
Cuando el sí te mueve de lugar, a veces decir hágase te mete en un problema, antes de meterte en una promesa. Hay momentos en que una familia atraviesa dolor, heridas, desorden espiritual. Y nace un clamor.
Señor, ¿cuál es tu voluntad para nosotros? Y en ese clamor, Dios a veces pide cosas que uno no quería oír. Dejar una relación.
Salir de una ciudad. Empezar de cero. Obedecer aunque duela.
No es conveniente. No es cómodo. Pero en la obediencia, Dios empieza a demostrar algo con hechos.
Él provee. Él guía. Él confirma.
Él sostiene. Y con el tiempo, lo que parecía pérdida se vuelve plataforma. Dios restaura, ordena, sana.
Y abre un futuro que antes no se veía. A veces el hágase se siente como lágrimas a medianoche. Y aún así, vale la pena.
Tu casa puede ser el lugar donde Jesús dé sus primeros pasos. María y José vivieron una vida inconveniente. Y aún así, ahí fue donde Jesús creció.
Ahí fue donde se formó un ambiente de rendición y obediencia. Tu casa no tiene que ser perfecta para que Dios haga algo santo. Pero sí tiene que estar dispuesta.
La pregunta decisiva no es, ¿será fácil? La pregunta decisiva es, ¿Diaz hágase, aunque sea inconveniente? Oración.
Señor, hoy te abro mi vida y mi casa. Perdóname por posponer lo que ya me has mostrado. Dame la fe de María para rendirme y la obediencia de José para actuar.
Aunque el proceso sea incómodo, quiero tu voluntad por encima de mi comodidad. Haz tu obra en mí y en mi familia. Amén.