Edgar Iraheta
Cuando Dios activa tu verdadero ADN, imagina una semilla pequeña, casi insignificante.
La sostienes en la mano y piensas, quiero el árbol, quiero el fruto, quiero la sombra. Pero aquí está el problema. Despreciamos el proceso.
Detestamos la tierra, la oscuridad. Tal vez estás ahí ahora mismo. Sientes presión por todos lados.
Sientes que nadie te ve. Y hay una voz que te susurra, estás enterrado, se acabó. Pero déjame preguntarte algo que puede cambiar todo.
¿Estás en un funeral o estás en una siembra? Porque hay una diferencia gigantesca entre ser enterrado y ser sembrado. En un funeral, te cubren de tierra porque se acabó.
En una siembra, te cubren de tierra porque algo nuevo ha sucedido. Porque algo nuevo está por comenzar. El principio que Jesús estableció, de cierto de cierto os digo, que si el grano de trigo no cae en la tierra y muere, queda solo.
Pero si muere, lleva mucho fruto. Juan 12.24 La paradoja del reino es esta. Para vivir, primero tienes que morir.
Para subir, primero tienes que bajar. No es cómodo escucharlo. Pero es verdad, el quiebre, cuando el ego tiene que morir.
A veces pensamos que la fe es solo gritar victoria, pero la Biblia nos enseña que el camino a la gloria siempre pasa por el quebrantamiento. Mira el ejemplo de Jacob. Él era un hombre que dependía de su astucia, de sus fuerzas y de sus planes.
Pero tuvo que llegar a una noche de soledad, peleando con Dios, para que su yo fuera quebrantado. Dios no lo hirió para destruirlo, sino para cambiarle el nombre y el destino. Dios nunca te rompe para destruirte.
Te rompe para reconstruirte mejor. A menudo lo que llamamos derrota es en realidad un diagnóstico divino. Dios permite que nuestros planes fallen para que dejemos de vivir en el plano natural y empecemos a vivir en el espíritu.
Tu quebrantamiento no es el fin de tu historia. Es el fin de tu orgullo. Cuando muere el ego, nace el propósito.
El cambio de ADN. Una transfusión real. ¿Qué significa que Dios cambie nuestro ADN?
Para entenderlo, necesitamos ir a 1 Corintios 15, 45. El problema del primer Adán. Cuando Adán pecó, su código genético fue alterado radicalmente.
Él mató su naturaleza divina y se convirtió en alma viviente. Un ser limitado, terrenal, desconectado de la vida de Dios. Y como todos venimos de Adán, esa marca de maldición nos tocó a todos.
La solución del segundo Adán. Pero aquí entra Jesús. Para salvarnos se requería un milagro genético.
Jesús no nació de semilla de hombre. Fue concebido directamente por el Espíritu Santo. Él vino con un nuevo código.
Él es el postrer Adán. Y la diferencia es radical. Adán era alma viviente.
Jesús es espíritu vivificante. Él no solo tiene vida. Él da vida.
Cuando tú recibes a Cristo, no solo cambias de religión. Ocurre una transfusión de sangre espiritual. Recibes un nuevo código.
Es como recibir una visa que te permite entrar legalmente y operar en el reino de los cielos. Ya no eres víctima de tus circunstancias. Ya no eres esclavo de tu pasado.
Tienes sangre real corriendo por tus venas. Logos versus rema. De la semilla al fruto.
Ahora, si tenemos este nuevo ADN, ¿por qué muchos cristianos no ven resultados? ¿Por qué hay gente que se sabe la Biblia de memoria, pero vive en derrota? El secreto está en entender dos palabras griegas.
Logos, la palabra eterna de Dios. Es como tener un saco lleno de semillas. Es el potencial puro.
Es la Biblia cerrada en tu mesa de noche. Rema, es cuando sacas una semilla del saco y la siembras en tu corazón. Es la palabra específica, para una persona específica, en un momento específico.
La Biblia dice en 2 Corintios 3.6 que la letra mata, mas el espíritu vivifica. Muchos tienen logos, conocimiento, pero les falta rema, revelación. La semilla, si no se siembra en el corazón con fe, no produce nada.
Se queda como un concepto intelectual. Así será mi palabra que sale de mi boca. No volverá a mí vacía, sino que hará lo que yo quiero.
Isaías 55.11 No leas la Biblia solo por leer. Léela hasta que el Espíritu Santo detenga tu mirada en un versículo y te diga, esto es para ti. Hoy, eso es rema.
El poder de tu boca. Ángeles versus demonios. Si ya tienes el ADN de Cristo, y tienes la palabra, ¿cómo lo actilas?
Con tu boca. Te has enlazado con las palabras de tu boca. Proverbios 6.2 Aquí hay una ley espiritual.
Cada palabra que sale de tus labios es como el disparo de salida en una carrera. En el momento que hablas, algo sale a correr. La pregunta es, ¿quién corre?
Hay dos tipos de corredores esperando tu voz. Si tus palabras están llenas de fe, la palabra de Dios, liberas el poder de los ángeles, El Salmo 103 dice que los ángeles obedecen la voz de su palabra. Ellos salen a bendecirte.
Si tus palabras están cargadas de queja y circunstancia, liberas poder demoníaco. Los demonios salen a asegurarse de que esa confesión negativa se cumpla. Pregunta incómoda.
¿Qué has estado hablando sobre tus hijos esta semana? ¿Qué has estado diciendo sobre tus finanzas? Estoy arruinado.
Este niño no cambia. Cuidado. Estás dando órdenes al mundo espiritual.
Cancela la queja. Empieza a profetizar vida. Fortaleza en la debilidad.
Tal vez dices, pero me siento muy débil. No tengo fuerzas. Déjame hablarte del apóstol Pablo.
Él tenía el mejor currículum humano, pero cuando conoció a Cristo, entendió que sus logros eran basura. Comparados con el poder de Dios. Él descubrió el secreto del reino.
La fuerza de Dios se perfecciona en tu debilidad. Hebreos 11.34 dice que los héroes de la fe sacaron fuerzas de debilidad. Es como sacar fuego del hielo.
Es como sacar luz de la oscuridad. Cuando tú dices, no puedo, Dios dice, perfecto, ahora yo puedo a través de ti. El refugio.
La revelación de la paternidad. ¿Cómo nos sostenemos cuando todo tiembla? La respuesta no está en una técnica, sino en una relación.
Muchos cristianos viven con una mentalidad de huérfanos. Sienten que están solos, que tienen que pelear por su cuenta y que Dios es un juez lejano. Pero la verdad de la palabra es que tú tienes un padre.
Moisés pudo soportar la presión del faraón porque se sostuvo como viendo al indisible. Hebreos 11.27. No veía solo un desierto.
Veía su protector. David dijo en el Salmo 34.4. Busqué a Jehová y él me oyó y me libró de todos mis temores.
En medio de tu prueba, corre al refugio. No eres un huérfano espiritual. Eres un hijo con acceso total al trono de la gracia.
Ponte la armadura de Dios y protege tu mente con la verdad de que eres amado y cuidado por el Rey. Pasos prácticos para esta semana. Uno.
Identifica qué necesita morir. Pregúntate honestamente. ¿Qué área de mi vida sigo controlando con mis propias fuerzas?
¿Qué orgullo o autosuficiencia Dios está tratando de quebrar? Escríbelo y entrégalo en oración. Dos.
Busca tu rema. Esta semana, no leas la Biblia para cumplir. Lee despacio.
Detente cuando algo te hable. Pregunta. Señor, ¿qué me estás diciendo hoy?
Anota ese versículo y medítalo durante el día. Tres. Audita tus palabras.
Por tres días, presta atención a lo que dice sobre tu familia, tu trabajo y tu salud. Si identificas palabras de queja o miedo, cáncelalas conscientemente y declara lo que Dios dice en su palabra. Cuatro.
Confiesa tu debilidad como puerta. En lugar de esconder tu debilidad, dile a Dios, Señor, aquí estoy débil. Esta es la puerta para que tú actúes.
Deja que su fuerza se perfeccione en ti. Cinco. Descansa en la paternidad.
Si te sientes solo o abrumado, pasa tiempo esta semana, simplemente recordando que eres hijo. No vayas a Dios solo por peticiones. Ve a Él para ser fortalecido en su presencia.
Tres verdades para llevar. Si te sientes enterrado, no es un funeral, es una siembra. Tu ego está muriendo para que Cristo crezca.
Tu ADN ha cambiado. Tienes la visa del reino. Tu boca tiene el poder de activar ángeles.
La pregunta que queda es, ¿vas a seguir hablando como víctima o vas a empezar a declarar como hijo? Oración. Padre, en el nombre de Jesús, hoy renuncio al ADN del primer Adán.
Renuncio a la herencia de fracaso, miedo y muerte. Señor, hoy recibo tu rema. No quiero solo letra, quiero espíritu.
Activa la semilla en mi corazón. Ordeno a mi boca que se aline con el cielo. Cancelo toda palabra de queja y desato palabras de fe que activan a tus ángeles a mi favor.
Porque cuando soy débil, entonces soy fuerte. Soy hijo de Dios. Amén.