Edgar Iraheta
Aviva el fuego, Dios quiere usarte

Hay momentos en la vida cristiana cuando el Señor no solo nos consuela, también nos despierta. Nos recuerda que no fuimos llamados simplemente a ocupar una silla el domingo, escuchar una prédica y seguir igual. Fuimos llamados a vivir una fe activa, una fe que ama, sirve, discierne y responde al mover del Espíritu Santo.
Ese llamado puede incomodarnos, porque confronta nuestras excusas. Nos enfrenta con nuestros temores, nuestra inseguridad y hasta con nuestra pasividad espiritual. Pero esa incomodidad no viene para destruirnos, viene para sacudirnos con amor. Dios no nos creó para una vida cristiana tibia, sino para una vida llena de su presencia, de su poder y de su propósito.
Como iglesia y como comunidad, necesitamos volver a escuchar este llamado con seriedad y esperanza: Dios quiere usarte. No mañana, no cuando te sientas perfecto, no cuando desaparezcan todos tus miedos. Ahora. Y cuando respondemos con obediencia, el fuego que parecía dormido vuelve a encenderse.
El don de Dios en ti no es una sugerencia, es una responsabilidad
Uno de los textos que resuena con fuerza en este mensaje es 2 Timoteo 1:6: .
Por lo cual te aconsejo que avives el fuego del don de Dios que está en ti
2 Timoteo 1:6
Pablo no le dice a Timoteo que espere pasivamente a sentirse listo. Le dice que avive el fuego. Eso implica responsabilidad personal. Implica decisión. Implica acción. En otras palabras, hay cosas que Dios nos da por gracia, pero que nosotros debemos cultivar con obediencia.
Muchas veces tratamos los mandamientos espirituales como si fueran recomendaciones opcionales. Pensamos, "Si tengo tiempo, oro", "si me siento cómodo, comparto de Cristo", "si algún día me animo, entonces serviré". Pero la Palabra de Dios no habla en ese tono liviano. La Palabra nos llama a responder. Nos llama a movernos. Nos llama a tomar en serio lo que Dios ya depositó en nosotros.
La verdad es sencilla y confrontadora: nadie va a obedecer por ti. Nadie puede activar tu entrega, tu fe o tu disposición. El Señor puede llamarte, capacitarte y respaldarte, pero te toca a ti decir, "Sí, aquí estoy. Use me, Lord".
Desea ardientemente lo que Dios valora
En 1 Corintios 14:1 leemos: .
Procurad alcanzar el amor; pero también desead ardientemente los dones espirituales, sobre todo que profeticéis
1 Corintios 14:1
Qué importante es notar esto. La Escritura no dice que los dones espirituales deben ser ignorados, temidos o vistos como un tema secundario. Dice que debemos desearlos ardientemente. Esa expresión habla de un hambre profunda, de un anhelo sincero, de una pasión que no se conforma con una vida espiritual superficial.
A veces queremos recibir palabra, consejo, dirección o ministración de parte de otros, pero no cultivamos el deseo de ser nosotros también un instrumento en las manos de Dios. Queremos ser bendecidos, pero no siempre estamos igual de dispuestos a ser de bendición. Y ahí está una parte del problema.
Los dones del Espíritu no fueron dados primero para nuestro protagonismo personal, sino para la edificación de otros. Son parte del amor de Dios fluyendo mediante su pueblo. Cuando alguien sirve, ora, discierne, exhorta, consuela o comparte una palabra guiada por el Espíritu, la iglesia es fortalecida y el nombre de Cristo es exaltado.
Por eso una iglesia saludable no puede depender de unos pocos que siempre ministran mientras la mayoría observa. El cuerpo de Cristo fue diseñado para que cada miembro funcione. Cada creyente importa. Cada creyente tiene propósito. Cada creyente ha recibido gracia para servir.
Dios no está buscando perfección, está buscando voluntad
Aquí es donde muchos tropiezan. Pensamos que para ser usados por Dios primero debemos alcanzar cierta versión impecable de nosotros mismos. Como si el Señor dijera: "Cuando ya no tengas luchas, cuando ya no tengas miedo, cuando ya no falles en nada, entonces te usaré".
Pero esa no es la historia de la Biblia, y tampoco es la realidad de la iglesia. Dios usa personas en proceso. Personas que todavía están creciendo. Personas que todavía están aprendiendo. Personas que a veces tiemblan, pero obedecen de todos modos.
Eso no significa tomar el pecado a la ligera. Significa reconocer que la disposición humilde pesa más que la apariencia de perfección. Dios no busca excusas sofisticadas. Busca corazones rendidos.
Santiago 1:22 lo dice con claridad: . Hay un tipo de cristianismo que escucha mucho, afirma mucho, hasta celebra mucho, pero obedece poco. Y eso no transforma a nadie.
Pero sed hacedores de la palabra, y no tan solamente oidores
Santiago 1:22
La fe verdadera se vuelve visible. Se nota en cómo servimos, en cómo amamos, en cómo respondemos al llamado de Dios. La fe sin obras está muerta, no porque las obras nos salven por sí mismas, sino porque una fe viva produce una vida que se mueve. Real faith moves.
La madurez espiritual se desarrolla con práctica
Hebreos 5:14 nos recuerda: .
Pero el alimento sólido es para los que han alcanzado madurez, para los que por el uso tienen los sentidos ejercitados en el discernimiento del bien y del mal
Hebreos 5:14
Ese detalle importa mucho: por el uso. La madurez no llega solo por asistir, ni solo por escuchar, ni solo por acumular años en la iglesia. Llega por el uso constante, por el ejercicio espiritual, por la práctica obediente.
Nadie aprende a discernir la voz de Dios escondiéndose siempre. Nadie crece en sensibilidad espiritual si nunca da el paso de orar por alguien, de compartir el evangelio, de ministrar con amor, de tomar riesgo en fe. El discernimiento se afina cuando caminamos con Dios en la vida real.
Esto también aplica a la evangelización. No estamos llamados a compartir a Cristo de manera mecánica, fría o automática. Estamos llamados a acercarnos a las personas con compasión, con atención genuina, con paciencia. Muchas veces la puerta al corazón de una persona no se abre primero con un discurso, sino con una conversación sincera, con una escucha pastoral, con una oración ofrecida en el momento correcto.
Hay personas cargando dolor, ansiedad, confusión y soledad, esperando que alguien se detenga de verdad y diga: "Te veo. Dios te ve. ¿Puedo orar por ti?" Esos momentos no siempre llegan con luces brillantes. A veces llegan en una tienda, en la calle, en una conversación casual, en una línea de espera, en una interacción aparentemente ordinaria. Pero si estamos atentos, descubrimos que ordinary moments become holy moments.
El evangelio no es pasivo, es visible
Uno de los llamados más serios del mensaje es este: el evangelio no es una idea abstracta ni una experiencia meramente emocional. El evangelio verdadero produce fruto visible. Nos mueve hacia el amor práctico, el servicio concreto y la obediencia real.
Jesús habló de esto en Mateo 25, cuando describió a quienes dieron de comer al hambriento, visitaron al enfermo y atendieron al necesitado. Allí vemos que la fe genuina se manifiesta en acciones tangibles. No se trata de una religión de palabras vacías, sino de una vida rendida a Cristo que se expresa en misericordia, servicio y fidelidad.
Eso es muy importante para nosotros hoy. En un tiempo donde es fácil reducir la fe a lenguaje, cultura o costumbre, el Señor nos recuerda que su reino se hace visible en personas que aman de verdad. Personas que sirven. Personas que se entregan. Personas que no solo dicen "Señor, Señor", sino que viven como discípulos.
Y eso también nos protege de un error común: pensar que el centro del cristianismo es solo "recibir". Sí, recibimos gracia, salvación, perdón y poder. Pero recibimos todo eso para ser transformados y enviados. Saved people become serving people. Los que han sido tocados por el amor de Cristo comienzan a amar como Cristo.
Cómo avivar el fuego en la práctica
La pregunta entonces no es solamente si Dios puede usarte. La respuesta a eso ya es sí. La pregunta es: ¿qué vas a hacer tú con ese llamado?
Aquí hay un camino práctico para responder:
Cree que es la voluntad de Dios usarte. No sigas negociando con la mentira de que Dios usa a otros, pero no a ti. Si estás en Cristo, Él quiere glorificarse también mediante tu vida.
Rompe con el temor. El miedo no desaparece siempre antes de obedecer. Muchas veces desaparece mientras obedeces. Da el paso, aunque te tiemblen las piernas. El Espíritu Santo respalda la obediencia.
Descubre y desarrolla tu don. Tal vez Dios te ha dado palabra de sabiduría, discernimiento, fe, servicio, compasión, evangelismo o una sensibilidad especial para ministrar a otros. No entierres lo que Dios puso en ti.
Ora en el Espíritu y mantente sensible. La oración nos afina. Nos despierta. Nos mantiene atentos a lo que Dios quiere hacer en tiempo real. Una iglesia que ora será una iglesia que discierne.
Practica con amor. No se trata de impresionar a nadie. Se trata de amar a las personas con lo que Dios te dio. Mientras más practicas en humildad, más libertad encuentras para fluir en lo que el Señor te encomendó.
Sirve sin perder el corazón. El servicio en el reino no debe convertirse en abuso ni desgaste sin cuidado. Dios no quiere máquinas religiosas. Quiere hijos sanos, presentes y llenos de amor. Servimos mejor cuando también aprendemos a cuidar lo que Él nos ha confiado.
Una invitación a volver al primer amor
Quizás en algún momento serviste con pasión, pero fuiste herido. Quizás diste mucho y terminaste cansado. Quizás intentaste obedecer y sentiste que no viste el fruto esperado. Eso pasa. Y no conviene maquillarlo. El dolor es real.
Pero el dolor no tiene derecho a definir tu futuro en Dios.
El Señor sigue llamándote. Sigue soplando sobre las brasas. Sigue diciendo: vuelve a amar, vuelve a creer, vuelve a servir, vuelve a dejarte usar. No para explotarte, sino para hacerte parte de su obra viva en el mundo. No para vaciarte, sino para llenarte mientras derramas su amor sobre otros.
La iglesia necesita creyentes encendidos otra vez. Familias encendidas. Jóvenes encendidos. Hombres y mujeres que no vivan una fe de costumbre, sino una fe con fuego. Una fe que escucha al Espíritu Santo y responde con valentía.
El llamado es claro: no apagues el Espíritu. No descuides el don. No te escondas detrás de la inseguridad. No esperes sentirte perfecto para obedecer. El Dios que te llamó es el mismo que te capacita.
Si has estado frío, Él puede encenderte otra vez.
Si has estado dudando, Él puede afirmarte otra vez.
Si has estado escondido, Él puede sacarte al frente otra vez, no para exhibirte, sino para bendecir mediante ti.
La iglesia no necesita más espectadores. Necesita discípulos llenos del Espíritu, llenos de compasión, llenos de una obediencia sencilla y valiente. Y sí, that includes you.
Señor, aviva el fuego de tu don en nosotros. Rompe el temor, sana las heridas, despierta la fe y danos un corazón dispuesto para obedecerte. Haznos una iglesia que no solo escucha tu palabra, sino que la vive. Úsanos para amar, servir, evangelizar y ministrar con verdad y compasión. Enciende otra vez nuestra pasión por Cristo y por las personas. En el nombre de Jesús, amén.